Para reinterpretar el cuento quisimos desprendernos de las imágenes y los elementos figurativos que este ofrecía, ya que a nuestro entender no eran lo importante, o simplemente no nos cautivaron lo suficiente como para intentar mantenerlas en la posterior interpretación plástica.
Primeramente advertimos que el cuento en su totalidad estaba tratado en una dimensión diferente a la que estamos inmersos cotidianamente, por el tratamiento que se le da a las coordenadas tiempo y espacio. También percibimos que dentro del cuento los personajes no estaban exactamente en la misma dimensión entre sí y a partir de esto entendimos que el cuento refería, en cierta forma, a la cantidad de puntos de vista de las personas, las variaciones que esto producía en las mismas y las distintas situaciones que estas divergencias generaban. Hablamos entonces de distintas dimensiones que crean las personas, donde las cosas se perciben con un alto grado de subjetividad.
Nos interesó trabajar este aspecto del cuento en particular por el vínculo que esto tenia con el momento que estábamos pasando respecto al trabajo propuesto y a nuestros equipos, en los cuales fue imposible un entendimiento que satisficiera nuestras expectativas artísticas personales (ya sea por tener puntos de vista demasiado diferentes o por encontrarnos en distintas dimensiones).
Hasta acá queda claro que para pergeñar este trabajo fue fundamental la influencia que tuvo en nosotras el hecho de haber sido disidentes de nuestros equipos.
En ambos casos nos negamos a seguir el rumbo de la masa por comodidad -sabemos que otros ante su insatisfacción han optado por la pasividad- y tratamos de crear una nueva dimensión; ya que también creemos que el arte se trata un poco de esto. Reflexionamos sobre las dimensiones que crean otros para nosotras desde sus puntos de vista personales y llegamos a la conclusión de quemucha gente nos ha colocado en una dimensión un tanto hostil, antipática, a veces ruda.
Asociando nuestra situación con este tema que trata el cuento quisimos representar plásticamente una especie de contraste de dimensiones. Mediante el fondo que armamos y las fotografías que proyectamos en este, buscamos representar una nueva dimensión en la que todos los elementos fuesen visualmente malignos por así decirlo, pero a la vez ambiguos, ya que ninguno de los objetos que utilizamos para decorar el espacio del salón fueron creados con fines malignos así como las expresiones de las imágenes que proyectamos daban mas risa que miedo. A la hora de mostrar nuestro trabajo tratamos de superponer todos estos elementos a la que nosotras creemos nuestra dimensión (distinta a la creada por otros para nosotras según puntos de vista) en la que nos vestimos de blanco para contrastar con la que proyectamos y creamos anteriormente, satirizando la dimensión en la cual nos han plasmado otros.
Por último queremos destacar, que la química (o el hecho de tener “el mismo fideo” como nos dijo una compañera) que surgió entre ambas fue sorpresiva y nueva para nosotras y que en cierta forma se cumplió con la consigna de que el equipo estuviese formado al azar, ya que no nos conocíamos y ya teníamos decidido desertar de nuestros equipos antes de cruzarnos en el pasillo con el mismo dilema.
Equipo Nº 20
- Inés Pérez - Sofía Aguiar
(fotógrafos colaboradores: Roger Pacilio y Florencia Brandino)
Como estas son dos cuestiones muy enlazadas voy a intentar abordarlas en simultáneo.
¿El arte tiene que cumplir una función social? ¿Es necesario hacer arte pensando en cumplir esta función?
Desde mi punto de vista el arte puede ser todo lo que uno quiera y no creo que el desarrollo de un proyecto artístico deba incluir de manera conciente y racional un aporte a la sociedad. No creo que el artista deba preocuparse por cumplir un rol social o ponerse a pensar en eso. En el territorio del arte no tienen por qué entrar ese tipo de pensamientos políticos de roles sociales. El arte es una transformación personal de la realidad, una mirada, un punto de vista. Si bien es cierto que la imaginación y la creatividad son ilimitadas, también creo que el producto artístico nunca es neutro. Toda creación tiene ideología pero no por eso su fin debe ser imponerla, es decir, que si el arte cumple funciones sociales simplemente puede ser porque convive en sociedad y puede más o menos reflejar la misma.
El arte como escape de lo racional, reflejo de partes más inconscientes que conscientes.
Ejemplos:
Un artista elige un problema social y mediante el arte expresa o comunica esa realidad, promoviendo la inclusión social de sectores desamparados. La inclusión social a través del arte permite el acercamiento de clases marginales a la experiencia artística y fomenta la creatividad, el trabajo en equipo, la educación, la expresión y comunicación de la realidad que los rodea.
El rol de este tipo de artista podría ser entonces el de aportar algo a la sociedad desde su compromiso con el problema elegido. Este artista usa el arte como nexo comunicador para promover ideales o como forma de lucha para intentar nivelar diferencias sociales.
Está también el artista que expresa realidades menos populares y crea a partir de su intimidad o desde su personalidad, aunque no por esto deja de tener un vínculo social. La sociedad (el mundo que nos rodea) siempre afecta en mayor o menor medida lo que somos y nuestra realidad, por lo tanto existe el vínculo con lo social solo por el hecho de ser seres sociales.
El rol del artista en la sociedad en este caso no tendría la conciente intención de servir a la comunidad.
Que hoy nos cuestionemos la función social del arte y artista tiene mucho que ver con el pasado. Antes las disciplinas eran menos, mucho más delimitadas y los roles mas marcados. Hoy por hoy la diversidad nos abruma de tal manera que se perdieron bastantes limites y es complicado (y a veces ridículo) tratar de catalogar el arte y el artista.
Hoy el arte puede encontrarse hasta en el tacho de la basura y esto se debe a que la sociedad se ha transformado y han nacido muchas tendencias y muy variadas, todo esto gracias a la libertad de expresión de estos días.
Welcome to the reign of God! / La bizarra experiencia de conocer a Dios
Cursé desde preescolar hasta 5º en el Latinoamericano, lindo colegio ubicado en punta carretas cuyos principales valores eran la libertad de expresión y pensamiento del niño, y lo mejor de todo es que era laico!
Crecí usando túnica marrón donde la mugre no se notaba si los niños se revolcaban felizmente en la tierra. No existía la corbata, la moña ni nada que te ahorcara o te hiciera parecer estúpido. Tampoco existía el uniforme debajo de la túnica, lo que nos permitía estar frescos en verano y movernos como niños y no como muñequitos de torta.
Los distintos grupos dentro de los cursos no estaban diferenciados por números o letras (1º A o 2º 4) sino que estaban diferenciados por nombres de árboles o plantas; 1º espinillo, 2º mburucuyá.
También se le daba mucha importancia al aprendizaje de música y plástica. Recuerdo que nos dejaban diseñar la contratapa del carné, donde no nos calificaban con notas sino con juicios y conceptos.
En 6º de escuela nos mudamos de barrio y para mi desgracia fui a dar al colegio Santa María (Hermanos Maristas), donde sí calificaban con notas y el carné se parecía más a un recibo de la ute, con gráficas de rendimiento y todo...pero lo peor no era eso.
No tuve mayores inconvenientes en relacionarme con chicos nuevos, el problema fue que venía de un colegio LAICO y lo único que sabía de dios era que estaba en todos lados (incluso en mis championes, me acuerdo que pensaba “pobre que olor”) pero hasta ahí llegaban mis conocimientos cristianos.
Todo cambió radicalmente cuando me vi rodeada de niños que rezaban al entrar y al salir TODOS LOS DÍAS de clase, en un aula que tenía a Jesús crucificado encima del pizarrón (con esa cara de sufrimiento y la sangre reseca en sus heridas) y a su derecha un cuadro del venerado hermano Marcelino Champagnat infaltable en las enseñanzas de vida maristas...puaj.
Yo (que no sabía ni como empezaba el padre nuestro) el primer día de clases atiné a mover los labios lo más parecido posible a lo que decían los demás, como cuando uno no se sabe la letra de la canción que suena.
Hubiera deseado que alguien me advirtiera que ese cambio de laico a católico iba a traer ciertas consecuencias, pero no fue así, jesús me agarró desprevenida. Estaba tan por fuera del mundo religioso que obviamente no encajaba en ese lugar!
Lo antes que pude me conseguí los rezos más trillados (hits) para aprendérmelos y evitar el bochorno, ya que mis cachetes siempre me dejaron en evidencia.
Pero el tormento no terminaba ahí, un buen día me enteré que había que confesarse. Teníamos que salir de clase en grupitos hasta la capilla que tenia incluida el colegio en el ultimo piso donde nos esperaba el cura para escuchar nuestros pecados. Otra vez Dios me la complicaba: yo no sabía lo que era un pecado, o mas bien no pensaba en eso! La culpa era algo de lo que podía prescindir perfectamente y hasta el momento era feliz sin ella, por lo que tampoco sabía bien que le iba a decir al cura, así que otra vez salí de apuro a averiguar cosas.
Una compañera muy solidaria (valor que seguro aprendió en el colegio) me dijo un par de pecados que encajaban con mi edad (pelee con mis hermanos, dije malas palabras) y con esa información fui al cura, quien me sentenció a rezar repetidas veces arrodillada en esos incómodos bancos largos. Se suponía que así uno reflexionaba pero a mi lo que me preocupaba era que me molestaban mucho las rodillas en esa madera dura, pero si les pusieran acolchonadito no sería castigo supongo.
Ya en el liceo no había que rezar ni confesarse, y eso que en la adolescencia uno si que empieza a “pecar” y mis compañeros eran de lo más pecadores, hasta escupían flemas con sangre en la cara de Marcelino que seguía colgado en las aulas, toda una blasflemia!.
La mayoría de ese colegio salieron muy desviados para el ideal cristiano y yo no era la excepción, pero a mi me influenciaron también otras cosas, por suerte.